En el número de Abril 2012 de “Recuerdos y Deportes” revista de box que con tanta pasión hace Jorge Anselmo, observe en la tapa un “Muy buen diez” para Maravilla Martínez y un “No merecía terminar así” para Luis Lazarte, y allí para mi se resume claramente el zenit y el ocaso de la vida de los boxeadores profesionales, uno, “Maravilla” mimado por todo el medio boxístico y periodístico y el otro, “el humilde mosquito marplatense”, suspendido de por vida, hasta para presenciar un espectáculo pugilístico, y eso me decidió a escribir estas líneas.
El box amateur es un valido deporte para canalizar las ilusiones y la fuerza física de adolescentes y jóvenes, que en la mayoría de los casos provienen de hogares humildes, a quienes por lo general seduce la idea deslumbrante de la vida del campeón, pero que no saben, si no se les dice, que el camino para llegar esta plagado sobretodo de trabajo y sacrificio y que, de miles llegan pocos; y que para llegar hay que hacerse profesional y es allí donde es tan válida la frase de Don Atahualpa Yupanqui en el Payador Perseguido: “después de los equívocos se vienen los perjudícos”; porque, si los maestros de boxeo no logran inculcar (lo que es muy difícil) hábitos de vida basados en el trabajo, en el sacrificio, EN EL RESPETO POR EL OCASIONAL RIVAL, la enseñanza técnica sirve de muy poco.
Se sabe de la difícil tarea de los maestros; Argentina ha tenido hombres ejemplares como Don Paco Bermúdez y Amílcar Brusa, de cuyas escuelas salieron valores de la calidad, hasta artística de Nicolino Loche (lo suyo era el verdadero arte de la defensa boxística) y de Carlos Monzón, tal vez nuestro máximo representante a nivel internacional.
Pero el “Profesionalismo” y la sociedad se encargaron de ellos, por tomar solo algunos ejemplos… Pobre y enfermo termino Loche, no es necesario revivir el final de Carlitos Monzón o el de nuestro recordado Ubi Sacco.
Habría que tener en cuenta que EN EL PUGILISMO PROFESIONAL EL BOXEADOR ES EL ÚLTIMO ESLABÓN DE UNA CADENA QUE MUEVE UN NEGOCIO A VECES DE CIENTOS DE MILLONES DE DÓLARES y que por lo general en el cenit (Maravilla Martínez) ganan dos o tres de esos cientos de millones, y en el ocaso (El mosquito Lazarte) si cuidó el dinero, tiene su humilde casita y nada más. Por eso, Luisito Lazarte, te digo, desde mi simple posición de aficionado, seguite aferrando a tu mujer, a tus hijos y a tu herramienta de barrido en la calle Independencia y que no te importe la opinión de quienes te aplaudieron y muchas veces te festejaron tus desplantes antideportivos. AHORA VIENE LA VIDA, que te queda y mucha, por que has sabido cuidarla y siempre fuiste un gran trabajador del gimnasio. Te equivocaste en ver el enemigo en el boxeador que tenias enfrente y no te diste cuenta que no era tu enemigo, que era otro muchacho como vos, que también quería una vida mejor para su familia, pero ¿quien no se equivoco alguna vez?; por eso me dolió cuando sobre vos cayó todo el peso de los seudo críticos que ¡cuantas veces te habrán alabado! hasta en tus golpes bajos, tus mordiscones y tus amenazas al rival. ¡adelante con los tuyos y tu laburo, lo demás no te importe!.
Es muy dura la vida del boxeador, por eso salvo rarísimas excepciones la mayoría culmina no del todo feliz. Quiero terminar dándoles a todos las gracias por los sábados de felicidad que nos han brindado a sus admiradores, desde Pascualito Perez, nuestro primer gran campeón Mundial, a este hermoso ejemplo de persona que es Sergio “Maravilla” Martínez. ¡Muchas, muchísimas gracias, a todos los queridos boxeadores!, por este deporte que, BIEN ENSEÑADO Y BIEN APRENDIDO SE DESARROLLA A LOS GOLPES Y TERMINA EN UN FRATERNAL ABRAZO.
CARLOS THEILLER
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